sábado, 20 de fevereiro de 2010

EL GATO CON BOTAS/O GATO DE BOTAS



EL GATO CON BOTAS
 
ILUSTRAÇÃO: PIKKA 
Todos os direitos reservados
 Había una vez...
...Un molinero que tenía tres hijos.
A su muerte, el pobre molinero les dejó a sus hijos, como únicos bienes: su molino, su burro y su gato. Muy pronto se hizo el reparto, para el cual no se necesitó notario ni otra autoridad; nada sobró del pobre patrimonio. El hijo mayor se quedó con el molino, el segundo recibió el burro y el menor sólo se quedó con el Gato; estaba desconsolado por tener tan poco.
Mis hermanos —decía— podrán ganarse la vida honradamente trabajando juntos; en cambio yo, en cuanto me haya comido mi gato y haya hecho una bufanda con su piel, moriré de hambre.
El Gato, al oír este discurso, le dijo con un aire comedido y grave:
No te aflijas en lo absoluto, mi amo, no tienes más que darme un saco y hacerme un par de botas para ir por los zarzales, y ya verás que tu herencia no es tan poca cosa como tú crees.
Aunque el amo del Gato no hizo mucho caso al oírlo, lo había visto actuar con tanta agilidad para atrapar ratas y ratones, y cuando se colgaba de sus patas traseras o cuando se escondía en la harina haciéndose el muerto, que no perdió la esperanza de que lo socorriera en su miseria. En cuanto el Gato tuvo lo que había solicitado, se calzó rápidamente las botas, se colocó el saco al cuello tomando los cordones con sus patas delanteras y se dirigió hacia un conejal en donde había muchos conejos. Puso salvado y hierbas dentro del saco, y se tendió en el suelo como si estuviese muerto; esperó que un tierno conejo poco conocedor de las tretas de este mundo viniera a meterse en el saco para comer lo que en él había. Apenas se hubo acostado tuvo un gran regocijo; un tierno y aturdido conejo entró en el saco. El Gato puxou as cordas para atraparlo y luego lo mató sin misericordia. Orgulloso de su proeza, se dirigió hacia donde vivía el Rey y pidió que lo dejaran entrar para hablar con él. Le hicieron pasar a las habitaciones de Su Majestad; después de hacer una gran reverencia al Rey, le dijo:
He aquí, Señor, un conejo de campo que el Señor Marqués de Carabás (que es el nombre que se le ocurrió dar a su amo) me ha encargado ofrecerle de su parte.
Dile a tu amo —contestó el Rey—, que se lo agradezco, y que me halaga en gran medida.

En otra ocasión, fue a esconderse en un trigal dejando también el saco abierto; en cuanto dos perdices entraron en él, puxou as cordas y capturó a ambas. Enseguida se fue a regalárselas al rey, tal como había hecho con el conejo de campo. Una vez más, el Rey se sintió halagado al recibir las dos perdices, y ordenó que le dieran de beber. Durante dos o tres meses el Gato continuó llevando al Rey las piezas que cazaba y le decía que su amo lo enviaba. Un día se enteró que el Rey iría de paseo por la ribera del río con su hija, la princesa más bella del mundo,. y le dijo a su amo:
Si sigues mi consejo podrás hacer fortuna; no tienes más que meterte en el río en el lugar que yo te indique y después dejarme actuar.
El Marqués de Carabás hizo lo que su Gato le aconsejaba, sin saber con qué fines lo hacía. Mientras se bañaba, pasó por ahí el Rey, y el Gato se puso a gritar con todas sus fuerzas:
¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Que se ahoga el Marqués de Carabás!
Al oír los gritos el Rey se asomó por la ventanilla y al reconocer al Gato que tantas piezas de caza le había entregado, ordenó a sus guardias que fueran prestos al auxilio del Marqués de Carabás. Mientras sacaban del río al pobre Marqués, el Gato se acercó a la carroza y le dijo al Rey que durante el baño de su amo unos ladrones habían llegado y se llevaron sus ropas, a pesar de que él les gritó con toda su fuerza; el Gato las había escondido tras una enorme piedra. Al instante, el Rey ordenó a los oficiales de su guardarropa que fueran a buscar uno de sus más bellos trajes para dárselo al Marqués de Carabás.

El Rey le hizo mil halagos, y como los hermosos ropajes que acababan de darle realzaban su figura (pues era guapo y de buen porte), la hija del rey lo encontró muy de su agrado; además, como el Marqués de Carabás le dirigió dos o tres miradas, muy respetuosas y un poco tiernas, ella se enamoró enseguida de él. El rey quiso que subiera a su carroza y que los acompañara en su paseo. El gato, encantado al ver que su plan empezaba a dar resultado, se adelantó a ellos, y cuando encontró a unos campesinos que segaban un campo les dijo:
Buena gente, si no decías al rey que el campo que estáis segando pertenece al Marqués de Carabás, seréis hechos picadillos y convertidos en paté.
Al pasar por ahí, el rey no olvidó preguntar a los segadores de quién era el campo que segaban.
-Estos campos pertenecen al Marqués de Carabás, Señor.- respondieron los labriegos - Al marqués de Carabás, al Marqués de Carabás.
El rey, al ver tantas riquezas del Marqués de carabás, decidió casar a su hija con el hijo menor del molinero, mientras el gato le presentaba todos los respetos y se había convertido en el gato más famoso de toda la comarca.
Y su Señor, el marqués de Carabás, en un joven príncipe, y las puertas reales se abrieron para dar paso a la feliz pareja.
y allí vivieron felices, y el gato con botas, como recompensa de su amo, vivió también en aquel castillo tan bonito.

O GATO DE BOTAS

 
Ilustração: PIKKA 
Todos os direitos reservados


Era uma vez...
Um moleiro que tinha três filhos.
Quando estava morrendo, o moleiro deixou aos seus filhos, como únicos bens: seu moinho, seu burro e seu gato. Imediatamente fez a partilha, para a qual não necessitou tabelião nem outra autoridade: nada sobrou do pobre patrimônio. O filho maior ficou com o moinho, o segundo recebeu o burro e o menor ficou apenas com o gato; estava desconsolado por ter tão pouco.— Meus irmãos!— dizia— poderão ganhar a vida honradamente trabalhando juntos; em troca, eu, mesmo que haja comido o meu gato e feito com sua pele um cachecol, terei morrido de fome.
O gato, ao ouvir esse discurso, ficou com um ar comedido e grave.
Não te aflijas em absoluto, meu amo. Basta apenas me dar um saco e fazer-me um par de botas para que eu vá pelos arbustos, e logo verás que tua herança não é tão pouco como crês.

Ainda que o amo do gato não tenha feito muito caso ao ouvi-lo, já o havia visto agir com tanta agilidade para pegar ratazanas e camundongos, e quando se pendurava em suas patas traseiras ou quando se ocultava na farinha fingindo - se de morto que não perdeu a esperança de que ele o socorreria em sua miséria. E quando o gato obteve o que havia solicitado, calçou rapidamente as botas, colocou o saco no pescoço , pegando as cordas com a pata dianteira e se dirigiu até um criadoro de coelhos onde havia muitos coelhos. Pôs farelo e ervas no saco , e se estendeu no chão como se estivesse morto; esperou que um tenro coelho, pouco conhecedor das astutas ciladas desse mundo viesse a enfiar-se no saco para comer o que nele havia. Mal se recostara teve um grande regozijo: um tenro e atordoado coelho entrou no saco. O gato tirou duas cordas para amarrá-lo e logo o matou sem misericórdia. Orgulhoso de sua proeza dirigiu-se até onde vivia o rei e pediu para que o deixassem entrar para falar com ele. O fizeram passar até aos quartos de sua majestade; depois de reverenciar o rei, lhe disse: — Eis aqui, senhor, um coelho do campo que o senhor Marquês de Carabás ( que foi o nome que lhe ocorreu para dar a seu amo) encarregou-me de oferecer- lhe de sua parte.
Diga a teu amo— Respondeu o rei — que o agradeço e que muito me lisonjeia.
Em outra ocasião, foi esconder-se num trigal deixando também um saco aberto. E quando duas perdizes entraram nele, puxou duas cordas e capturou a ambas. Em seguida, foi presenteá-las ao rei, tal como havia feito com o coelho do campo. Uma vez mais o rei se sentiu lisonjeado ao receber as duas perdizes, e ordenou que lhe dessem de beber. Durante dois ou três meses o gato continuou levando ao rei as  suas caças e dizia que seu amo as enviava. Certo dia, tomou conhecimento de que o rei ia passear pela beira do rio com sua filha, a princesa mais bela do mundo, e disse a seu amo:
Se seguires meu conselho, poderás fazer fortuna; bastará apenas enfiar-se no rio no lugar que eu te indicar e depois deixar-me agir.
O Marquês de Cabará fez o que seu gato lhe aconselhava, sem saber com que fim o fazia . Enquanto se banhava, passou por ali o rei, e o gato se pôs a gritar com toda a força.
Socorro! Auxílio! Está se afogando o Marquês de Carabás!
Ao ouvir os gritos, o rei apareceu na janelinha, e ao reconhecer o gato que tantas  caças lhe havia entregado, ordenou aos seus guardas que fossem auxiliar o Marquês de Carabás. Enquanto tiravam do rio o pobre Marquês, o gato se aproximou da carruagem e disse ao rei que durante o banho de seu amo uns ladrões haviam chegado e levaram suas roupas, apesar dele ter gritado com todas as suas forças; o gato lhe havia escondido atrás de uma grande pedra. Num instante, o rei ordenou aos oficiais de seu guarda- roupa para que fossem buscar um de seus mais belos trajes para dá-lo ao Marquês de Carabás.
O rei lhe fez mil elogios, e como as roupagens que lhe havia dado realçavam sua figura (pois era bonito e de bom porte) , a filha do rei o considerou muito de seu agrado; além disso, como o Marquês de Carabás lhe dirigiu dois ou três olhares, muito respeitosos e um tanto ternos, apaixonou - se em seguida por ele. O rei quis que subissem à sua carruagem e que o acompanhasse em seu passeio. O gato, encantado ao ver que seu plano começava a dar resultado, foi à frente, e quando encontrou uns camponeses que semeavam um campo, lhes disse:
Gente boa, se não disserem ao rei que o campo que estão semeando pertence ao senhor Marquês de Carabás, serão transformados em picadinhos e convertidos em patê.
Ao passar por ali, o rei não esqueceu de perguntar aos semeadores de quem era o campo que semeavam.
Estes campos pertencem ao Marquês de Carabás, senhor! — responderam os lavradores — Ao Marquês de Carabás, ao Marquês de Carabás.
O rei, ao ver tantas riquezas do Marquês de Carabás, decidiu casar a sua filha com o filho menor do moleiro, enquanto o gato lhe apresentava todos os respeitos, e se convertera no gato mais famoso de toda a comarca.
E seu senhor, o Marquês de Carabás, em um jovem príncipe. E as portas reais se abriram para dar passagem ao feliz casal.
E ali viveram felizes, e o gato de botas, como recompensa de seu amo, viveu também naquele castelo tão bonito.


TRADUÇÃO DO ESPANHOL: MARCIANO VASQUES
Marciano Vasques é escritor.
Crédito da imagem: http://www.consciencia.org/gato-de-botas-fabula-encantada-de-perrault

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